jueves, 25 de julio de 2013

Restauración

Si estás pasando por problemas en tus relaciones familiares, o con tus amistades, Dios quiere sanar esas heridas. Gosén es un lugar de reconciliación y restauración. 
Hoy en día vemos cómo las relaciones familiares se han corrompido. Muchos lo han vivido por tanto tiempo que se ha convertido en un problema común en su diario vivir.  Vemos familias afectadas emocionalmente por la mentira, el engaño, la avaricia y decisiones que rompen con el círculo familiar.   Pero hay una gran promesa de parte de Dios.  Hay posibilidad de cambios y de que una familia vuelva a entrar en el estado espiritual que Dios quiere que vivamos. 
Hay circunstancias naturales que son irreparables y, cuando escuchamos que Dios va a restaurar la familia, pensamos que es volverla al mismo lugar que estaba antes del problema.  Pero realmente, lo que Dios quiere hacer es sanarte y restaurarte.
En Génesis 46:28-31, la biblia nos relata el reencuentro de José con su padre y hermanos.  Luego, en Génesis 50, vemos que Jacob muere, y los hermanos de José tenían temor de cómo reaccionaría él contra ellos.  Ellos juzgaron conforme a la manera en que ellos actuaban.  José les ha demostrado por años que los quiere y los protege, pero el corazón de sus hermanos no había recibido esto.  José les dice que no les juzgaba, porque todo el proceso por el que él pasó fue necesario para preservarles. 
Una de las expectativas que debes tener como bendición de Dios dentro de Gosén es la promesa de la reconciliación y restauración.  Por supuesto, muchos quieren manipular este concepto de reconciliación y restauración pensando que todo volverá a ser igual que antes del rompimiento familiar.  Pero lo que encuentras es un nuevo futuro de hoy en adelante.  La sanidad del corazón permite la restauración de la familia y, de esta manera, puedes ver a dónde Dios te va a llevar.   No es igual, ni debería ser igual, porque, si estas igual, actuarías igual y sucedería el mismo rompimiento.  Por esto, el corazón debe ser restaurado.  
No todo el mundo tiene la misma madurez de tener la paciencia suficiente para que se logre la restauración.  Esto no se logra con una varita mágica.  El tiempo sólo no reconcilia ni restaura, pero sí toma tiempo reconciliarse y restaurarse.  ¿Por qué no tienes paciencia con los demás, si Dios ha tenido tanta paciencia contigo?  Hay que tener la paciencia suficiente, la esperanza divina, de que se puede llegar al nivel de reconciliación y restauración.  No es cambiar lo que pasó, sino proyectarnos a un nuevo futuro de victoria en el que Dios pueda cumplir en nosotros lo que siempre quiso cumplir.
Muchos toman el problema familiar para justificar el detenerse y no seguir hacia adelante.  Lo grande de José – que debe ser lo grande en nuestras vidas – es que no permitió que el problema familiar detuviera lo que Dios quería hacer para él y a través de él. 
La realidad es que en este mundo en que vivimos estaremos expuestos a heridas de amistades y familiares.  Hay momentos en que estás más vulnerable que en otros a ser herido, pero que esto no detenga el plan de Dios.  Lo más grande que debes hacer por tu familia, aunque ellos no lo entiendan, es llegar a hacer lo que Dios quiere que tú hagas.  Cuando esto suceda, entonces estarás en posición de extenderles las manos. 
Tu vida será transformada, a pesar de todos los problemas que has experimentado.  Ya sea que estés sólo o acompañado, herido o no herido, sigue caminando hacia el sueño que Dios te dio.  Vive por encima de todo maltrato, vive por encima de la traición, vive por encima de la falta de amor, para que logres el Gosén en tu vida y alcances lo que Dios quiere para ti y para los tuyos.   

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