domingo, 7 de octubre de 2018

Amparo económico

Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan.” (RyV) “Yo fui joven, y ya soy viejo, pero nunca vi desamparado al hombre bueno ni jamás vi a sus hijos pedir limosna.” (DHH) SALMO 37: 25
En la cultura hebrea la palabra de un anciano era considerada y respetada por todos. Su andar por la vida por tantos años, le daba una autoridad sobre los más jóvenes en edad. La diferencia estaba en que tenía más años de vida y experiencia.
El Salmo de este día, escrito por alguien ya mayor, tiene algo bien sabio para decirnos en los tiempos de escasez económica.
Generalmente cuando tenemos problemas financieros nos desesperamos por saber qué “va a ser de nuestra vida”. El consejo del Espíritu Santo es que prestemos oído a la voz del anciano, que dice que nunca ha visto un cristiano justo que viva desamparado por su Señor ni que deba ir por la vida mendigando. Los hijos del Rey no mendigan, sino que son dignos de todas las riquezas celestiales y terrenales.
Tú y yo no somos mendigos sino hijos del Dios Altísimo y coherederos juntamente con Cristo. Nuestra herencia es la provisión celestial diaria, y para toda la vida. Esto es mucho más que una pensión, jubilación o cuota de retiro ¡es provisión abundante durante toda la vida!
En este tiempo de problemas financieros es posible que tú te “sientas” una persona desamparada, pero, no te quedes allí sino mira con los ojos de la fe para darte cuenta que tú eres un hijo amparado por Dios y que también estás dentro de la lista que mencionó el anciano.
CONFESIÓN DE FE: VIVO BAJO EL AMPARO ECONÓMICO DE MI SEÑOR
ORACIÓN: Renuncio en este momento a ese sentimiento equivocado de desamparo y recibo por tu Espíritu, oh Dios, tu amparo económico. Gracias Papá Celestial porque nunca me desampararás. Por Cristo nuestro Señor. ¡Amén!

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