sábado, 4 de noviembre de 2017

Lo mejor para Dios

Todos y cada uno de nosotros debemos tener una principal pasión en nuestra vida, que nos distinga de entre los demás.
En la lectura en Apocalipsis 2, vemos que Dios tenía algo en contra de la iglesia de Éfeso: Había dejado su primer amor. Unos versos antes, la escritura nos habla acerca de la obras de esta misma iglesia, acerca de su arduo trabajo, de su paciencia, del celo que sentía por las cosas del Señor. Y es que, aunque haya trabajo, aunque haya paciencia, y aunque haya celo por las cosas del Señor, aún así, existe la posibilidad de haber dejado ese primer amor.
No importa cuán involucrados estemos trabajando, aún en esas cosas que nos apasionan, dentro de nuestro corazón debe estar ardiendo la misma llama.
Muchas veces, las tareas que realizamos diariamente ahogan nuestra pasión. Y esta es una de las cosas con las cuales más tenemos que debatir en nuestra vida porque, muchas veces, nuestros servicios y nuestras acciones no guardan congruencia con lo que verdaderamente nos apasiona, con lo que verdaderamente levantó ese deseo en nuestro espíritu.
Es importante que entendamos que puede ser que haya alguien mejor y con más talento para satisfacer una necesidad específica, pero, si no está disponible para el Señor, entonces no es contado entre los mejores. Esa debe ser la actitud de la iglesia.
Lo mejor está reservado para el Señor.
Tu mejor talento debe ser para el Señor. Tu mejor tiempo debe ser para el Señor. Tus años más productivos deben ser para el Señor.
Dale lo mejor siempre al Señor, porque el Señor tiene siempre sus mejores recursos reservados para todos y cada uno de nosotros. 

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