jueves, 22 de octubre de 2015

Dios hará

En Génesis 20, Abraham llega a casa de Abimelec y, temiendo por su vida, dice que Sarah, su esposa, era su hermana. Abimelec se lleva a Sarah para tomarla por mujer y, cuando Dios le revela la verdad, Abraham tuvo que orar por él y por toda su casa: Porque Jehová había cerrado completamente toda matriz de la casa de Abimelec, a causa de Sara mujer de Abraham. (Génesis 20:18)
Dios no tan solo había cerrado toda matriz de la casa de Abimelec, sino que las cerró completamente. No había posibilidad de que ninguna mujer en aquella casa quedara embarazada. Pero lo más curioso es que Abraham ora por la casa de Abimelec, y la matriz de cada mujer de aquella casa fue abierta, excepto la de Sarah. Por muchos años más, Sarah no pudo quedar embarazada.
La razón por la cual se cierra la matriz de Sarah es porque Dios no podía permitir que Abimelec la embarazara. El vientre de Sarah había sido separado por Dios para traer al hijo de la promesa. Si quedaba embarazada por un egipcio, se dañaría el linaje del pueblo de Dios. A veces, sin darnos cuenta, hay cosas que Dios cierra en nuestras vidas, hay posibilidades, oportunidades que Dios cierra porque, aunque aparentan ser la solución correcta, necesaria, o la salida en ese momento, lo que hacen es poner en peligro el linaje de Dios para nuestras vidas.
No podemos justificar de ninguna manera lo que hizo Abraham. Abraham hizo mal. Aquella fue una reacción humana, ante el temor por sus vidas; pensó que entonces sí que no habría manera de que se cumpliera la promesa. Pero aquella mala decisión provocó un retraso en lo que Dios había prometido. De Dios no haber intervenido, lo que Abraham pensó que era la solución para librar su vida y permanecer en el plan de Dios para él, se convertiría en su peor problema, en aquello que dañaría la promesa de Dios para él.
Muchas veces, sin darnos cuenta, tomamos decisiones que parecen las correctas, las apropiadas; tenemos todas las justificaciones naturales y carnales por las cuales tomar esas decisiones; pero lo que pensamos que es nuestra mejor opción, no necesariamente lo es, sino todo lo contrario: Pone en peligro la promesa de Dios para nosotros, y lo que hace es retrasar su cumplimiento, porque Dios tiene ahora que cerrar el camino para que no se dañe lo que él nos ha prometido.
Entonces, nos frustramos con Dios, pero no nos damos cuenta que no ha sido él quien nos ha puesto en esa posición. No fue Dios quien puso a Sarah en esa posición. Abraham, con sus palabras, puso a Sarah en aquella posición; y no pudo sacarla de la misma manera. Tomó sobre veinte años que la matriz de Sarah se abriera; porque aquel que tomó la mala decisión y llevó a Sarah a ese punto, no podía orar por la libertad de aquella persona a la que él había herido.
Hay cosas en nuestra vida que se han cerrado porque alguien nos ha puesto en un lugar incorrecto y, ahora, nuestra vida se ha cerrado a las posibilidades que Dios tiene para nosotros. Y esperamos que sea esa misma persona quien nos redima, sin darnos cuenta que el único que podrá abrir esa matriz nuevamente será Dios.
Todos hemos pasado por experiencias en las que ciertas personas en nuestra vida han tomado malas decisiones, ya sea con buena o mala intención, pero nos han posicionado en casa de Abimelec. Personas que, por librar su vida, por librarse ellos, nos han posicionado en el lugar incorrecto. Y esto causa, en la vida de muchos, frustración ante la aparente imposibilidad del cumplimiento de lo que Dios tiene para ellos.
Por protección, Dios entonces cierra una puerta, y pensamos que es la persona que nos posicionó en el lugar incorrecto, la que nos va a redimir, a libertar. Pero, aunque es probable que hayas tenido un Abraham en tu vida, con una mala decisión que ha cerrado tu vientre espiritual, que ha cancelado tus sueños, tus posibilidades, y piensas que la promesa de Dios no se va a manifestar en tu vida, y estás esperando que sea esa persona la que ore por ti y te saque de ese lugar; entiende que fue Dios quien cerró esa puerta en tu vida en un momento dado, y es Dios quien la va a abrir.
No fue Abraham quien sacó a Sarah de su esterilidad. Tomó años; su relación se dañó, Sarah se rindió y le dijo que tomara a la sirvienta; pero Dios le había dado una promesa a Sarah, y Dios la iba a cumplir. Sarah había sido una mujer separada por Dios, con un propósito especial, y Dios no iba a permitir que una mala decisión de Abraham cancelara para siempre la promesa para la cual Sarah había nacido.
Independientemente de cuál haya sido la mala decisión del Abraham de tu vida que, por buena o mala intención, te posicionó en la casa de Abimelec y tus sueños se cerraron, se paralizaron; entiende que el Dios que te llamó, el Dios que dijo que tu vientre, tu matriz, tu espíritu está preparado para concebir algo grande, en el momento correcto, ese mismo Dios va a abrir la matriz que se cerró, y tú vas a completar lo que Dios dijo que ibas a completar. 

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