sábado, 20 de enero de 2018

Misericordia de Dios


Mire el Salmo 51:1: "Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia. Por tu abundante compasión, borra mis rebeliones". ¿Sabe usted lo que David sabía? Él sabía que para una multitud de pecados, había una multitud de misericordias. Sabía que Dios no había dejado de amarlo. Él dice: "conforme a tu misericordia". Dios no nos ama porque seamos valiosos, somos valiosos porque él nos ama. Dios no nos ama porque seamos buenos. "Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Romanos 5:8). Nosotros necesitamos tener la certeza de que sin importar lo que hayamos hecho, Dios nos ama.

Nunca le diga a un niño cuando sea tentado a hacer algo malo: "Si lo haces, Dios dejará de amarte". Esa es una mentira. Usted no puede hacer nada para que Dios lo ame más, ni para que lo ame menos. Él lo ama y punto. Su pecado puede contristarlo, pero él lo ama. Si tan sólo pudiéramos entender que Dios nos ama, y que para una multitud de pecados hay una multitud de misericordias.

"Afortunado"

Un hombre puso el siguiente anuncio en la sección de objetos perdidos y encontrados de un periódico: "PERRO PERDIDO. Cojea de una pata delantera, es tuerto del ojo izquierdo, tiene sarna atrás y en el lomo, no tiene cola. Fue castrado recientemente. Responde al nombre de Afortunado". Y sí que era un perro afortunado. Le diré por qué. Porque a pesar de todo lo malo que tenía, alguien lo amaba lo suficiente como para buscarlo.

¿Sabe?, nosotros somos afortunados, mejor aún, somos bendecidos. Dios nos ama por pura gracia. Y quiero que usted tenga esta confianza: Dios lo ama con amor eterno. Es pura gracia de él. Cuando entendemos esto, decimos: "Ante tal gracia, diariamente me veo forzado a ser un gran deudor".
Dios lo ama. ¡Maravilla de maravillas, milagro de milagros! A pesar de que David cometió un pecado horrible, dañino, nefasto, él pudo tener confianza para orar así: "Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia. Por tu abundante compasión, borra mis rebeliones".

Confesión
El salmo 51:2,3 dice: "Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí". Observe cómo se refiere David al pecado: "Mi pecado", no el de otra persona. Él está diciendo: "Dios, yo soy el pecador. Dios, yo soy el que ha pecado. Reconozco mi pecado. Mi pecado, mi trasgresión". Como el antiguo canto lo dijera: "...No es mi hermana, ni me hermano, sino yo, Señor...". Hay una cosa que Dios nunca aceptará en cuanto al pecado y eso son las disculpas. Jesús no murió por disculpas, él murió por el pecado.
No es sólo una admisión

La Biblia dice en 1 Juan 1:9: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiamos de toda maldad". El verbo "confesar" cuando se utiliza en el Nuevo Testamento, está compuesto por dos palabras griegas: homos y lego que significan "decir lo mismo". En el sentido bíblico, admitir su pecado no es lo mismo que confesar su pecado. Usted puede admitir su pecado en un tribunal, pero una confesión de pecado es decir lo mismo que Dios dice. Él dice:

-Adrian, esto está mal. Has hecho algo malo, has pecado.

-Sí, Dios, estoy de acuerdo contigo -respondo. Me acerco a ti y digo que pecado es lo que tú llamas pecado. Dios, estoy de acuerdo contigo, confieso mi pecado.

La gente siempre ha querido excusarse por su pecado. Empezó en el jardín del Edén. ¿Recuerda?

-Adán, ¿dónde estás? ¿Has hecho esto?
-Bien, Señor, realmente no fue mi culpa. Fue la mujer que me diste, fue su culpa.
Y Dios le habló a Eva, y ella dijo:
-Bien, Señor, pues la serpiente me engañó.
¡Desde luego la serpiente no tenía ninguna excusa!
La naturaleza humana quiere decir: "No fui yo, fue el otro". Las excusas abundan: "Es que fui criado en una familia disfuncional. Mi familia es de mal genio. Tuve un malfuncionamiento glandular". Sea lo que sea, son disculpas en lugar de confesión. Amigo, esa confianza debe ir seguida por una confesión: "Reconozco mi trasgresión".
La Biblia enseña que: "El que encubre sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y los abandona alcanzará misericordia" (Proverbios 28:13). Cuando nosotros intentamos cubrir el pecado, Dios lo destapa. Cuando lo destapamos, Dios lo cubre. "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9).Y amigo, usted y yo podemos ser perfecta y totalmente limpios.


La diferencia entre la acusación y la convicción

Usted necesita aprender la diferencia entre la acusación satánica y la convicción del Espíritu Santo. El diablo es el acusador de los hermanos y él lo hace de dos maneras:

1. El diablo lo acusará de pecados que usted ya haya confesado. Él intentará desenterrarlos. Amigo, cuando Dios los entierra, se han ido, nunca los volverá a exponer. "Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad". "...Lo que Dios ha purificado no lo tengas tú por común" (Hechos 11:9). Porque "...la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado" (1 Juan 1:7).
En ocasiones el diablo lo acusará de cosas que usted hizo hace años. Recuerde que si usted ha entregado su vida al Señor Jesús y ha confesado sus pecados, aunque el diablo pretenda sacarlos a la luz, ya el Señor lo ha limpiado a usted de esos pecados por medio de su preciosa sangre vertida en la cruz.
2. El diablo intentará hacerlo sentir culpable sin ninguna razón. A veces usted simplemente se siente mal y termina orando de esta manera: "Oh Dios, si he pecado, perdóname". Amigo, anule ese tipo de oración. Ese no es el tipo de oración que David hizo. La Biblia dice: "Si confesamos nuestros pecados". Nombre el pecado. Esa es la única manera en que usted puede saber si realmente es perdonado. Sólo llámelo por el nombre.
El diablo tratará de sacar a relucir el pecado que ya ha sido perdonado, o buscará la forma de hacerlo sentir mal acerca de algo sin darle un nombre. Eso es acusación.
¿Qué es la convicción? La convicción es el Espíritu Santo diciendo: "Tú has hecho esto, esto y esto", y como un buen médico presionará con su dedo, justo sobre el punto que duele. Lo llamará por su nombre y querrá que usted lo confiese y sea limpio: eso es maravilloso. No permita que el diablo lo acuse de pecados que ya le han sido perdonados, o de cosas que nunca ha hecho. El Espíritu Santo de Dios lo convencerá de algo específico, luego usted lo confesará y será limpio.
Limpieza

Puesto que el pecado lo hace sentir sucio, Dios le da un baño espiritual. David dice: "Lávame" (Salmo 51:2, 7). Se trata de una limpieza un tanto exterior, puesto que el pecado nos hace sentir enteramente sucios. Luego en el versículo 7, él dice: "Quita mi pecado con hisopo, y seré limpio". Esto habla de una limpieza interior.

Usted puede ser tan puro como la nieve recién caída. "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9). "Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos. Aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana" (Isaías 1:18).Ese es el poder limpiador de la gracia de Dios.

Usted no tiene que llevar a todas partes esa carga, Dios se la limpia. El rey David fue limpiado de su pecado y usted también puede recibir esa limpieza maravillosa.

Un amigo pastor y su esposa salieron a celebrar su aniversario y pasaron por un almacén de ropa. En la vitrina había un hermoso vestido blanco, que parecía ser perfecto para ella. Así que entraron por simple diversión para verlo. Él dijo:

-Querida, pruébatelo.


Ella se lo puso. No necesitaba ningún arreglo. Era perfecto, como hecho a su medida. La hacía sentir bien y se veía espectacular. Al mirar la etiqueta del precio tragaron grueso, pero él le dijo:

-Querida, es nuestro aniversario. Lo voy a comprar -y lo compró.

Ella se puso el vestido y fueron a cenar sin ningún afán. Comieron de postre pastel de cerezas, y sucedió algo desagradable. Sobre su regazo cayó un pedazo de pastel de cereza justo sobre el vestido blanco. La siguiente escena se desarrolló en una lavandería.

Llevaron el vestido y preguntaron al dueño:

-¿Puede usted quitar esta mancha?
-Bien, ¿de qué es? -preguntó el hombre.
-Es de cereza -dijo ella.
-Ay, señora, en un vestido blanco, no creo que pueda. Es posible, pero no prometo nada. Déjemelo, haré lo mejor que pueda.
Se marcharon. Cuando fueron a recoger el vestido, ella preguntó:
-¿Logró quitarle la mancha?
-Se lo mostraré -dijo el dueño-o Si lo mira cuidadosamente verá que hay una mancha, pero por lo general la gente no lo notaría.
Pagaron y volvieron a casa con el vestido, pero ella nunca lo volvió a usar porque sabía que ahí estaba la mancha.
Ahora permítame contarle una historia con un final feliz. No hay mancha que la sangre de Jesús no pueda quitar. ¡Ninguna! "...y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado" (1 Juan 1:7). David dice: "Quita mi pecado con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve" (Salmo 51:7).

Consagración

En el Salmo 51:12-15, David dice: "Devuélveme el gozo de tu salvación, y un espíritu generoso me sustente. Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti. Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación, con regocijo cantará mi lengua tu justicia. Señor, abre mis labios, y proclamará mi boca tu alabanza". Es como si David dijera: "Señor, pon mis pies en el camino correcto, y volveré a servirte". Dios no sólo nos limpia para que podamos sentarnos tranquilamente limpios. Él nos vuelve a poner en el camino del servicio.

¿Sabe usted cómo empezó David a meterse en problemas? No estaba haciendo lo que debía estar haciendo. La Biblia dice que era el tiempo cuando los reyes iban a la guerra. En la tarde David se levantó de la cama. Ese sin vergüenza había estado en la cama todo el día. Se levantó, y vio desde la azotea a Betsabé (una mente ociosa es el taller del diablo).

¿Sabe usted que si hace lo que debe estar haciendo, no puede hacer lo que no debe estar haciendo? Cuando usted peca, tan pronto limpia su corazón de pecado, vuelve al servicio. Recuerde los cuatro pasos de restauración: Confianza, confesión, limpieza y consagración.
No crea que porque puede ser limpio da lo mismo si peca o no. Así como si pone una mano sobre un fogón y se quema, si peca, se ata al sufrimiento; pero gracias a Dios por su maravillosa, grandiosa y sin igual gracia que perdona y restaura al cristiano que peca.

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