sábado, 22 de febrero de 2020

Sanador

Jeremías 33: 1-3 Vino palabra de Jehová a Jeremías la segunda vez, estando él aún preso en el patio de la cárcel, diciendo: Así ha dicho Jehová, que hizo la tierra, Jehová que la formó para afirmarla; Jehová es su nombre: Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”.
Hay muchas cosas que asustan al ser humano, usted estará de acuerdo conmigo en que el hospital y la cárcel son las más terribles. Ahí descubrimos que nuestras amistades no son tantas como pensábamos, nos damos cuenta que las personas que tuvimos a un lado son los que verdaderamente nos quisieron y apoyaron. Descubrimos que hay gente que quiere ir hasta allá a darnos aliento pero no pueden llegar, pero bendito sea nuestro Dios y Padre, que aún en la cárcel o en dificultad, aun estando limitados por el tiempo o por la distancia, por cualquier clase de obstáculo, Dios tiene el poder para llegar hasta usted,  para bendecirlo y darle palabra de ánimo.
Es valioso entender ese término de “aún”, quiere decir que había una circunstancia que limitaba a la mayoría. No todo el mundo tenía acceso a Jeremías, nadie quería acercarse a él en la condición de preso, pues era una situación de las más despreciables. Pero aún en esa circunstancia, el Señor no se olvida de sus hijos, y hasta ahí llega su Espíritu Santo, porque a Él no lo detienen barreras ni cárceles, Él llega hasta usted, lo bendice y lo anima.
Ahora, lo maravilloso del mensaje tras estos versos es que el Señor nos invita a clamarle, prometiendo que Él responderá, y más allá de eso, promete mostrarnos esas cosas ocultas que solo a él le pertenecen. Clamar es solicitar algo con mucha desesperación, aquello que usted considera imposible, con gemidos y llanto, con un estado de desesperación. Usted puede clamarle a un ser humano y podrá conseguir respuestas, sin embargo, es probable que cuando se presente una mala circunstancia nadie aparezca. Pero aquel que dice: “yo te responderé”,  es aquel que fundó la tierra y el que la afirma, es quien nos diseñó junto a la creación, desarrolló su obra, nos hizo y además cuida de nosotros permanentemente. Si hay que corregir algo, el Señor lo corrige, lo mejora, Él jamás se va a desentender de ti, pues eres la obra de sus manos.
Al clamarle nuestras necesidades a otros, estamos angustiándonos y afanándonos, pero cuando le clamamos a Él, estamos completamente seguros que él responderá.  
Ahora bien, hay que entender el término de “cosas ocultas”. Cada vez nos damos cuenta de cuán ignorantes somos acerca de la creación, y si no conocemos el mundo visible,  imagínese lo ignorante que somos de lo invisible. Lo invisible no se revela por ciencia, se revela por fe; es por eso que tenemos que acudir a la presencia de nuestro Señor, a través de la oración, y clamar para que él abra nuestro entendimiento, pues hay muchas señales que nuestros ojos ven, pero que no que significan lo que nosotros creemos. Tal vez, tú estás allí desesperado, angustiado con una situación, con un diagnóstico clínico o con una necesidad económica, quizás estás cansado de ver personas que han vivido en la injusticia y prosperan más que tú, pero ten siempre presente que el Señor es dueño de todo, y que nada se escapará jamás de su control. Él es tu sanador y tu libertador.

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