jueves, 19 de octubre de 2017

Esperar

Yo no sé cuantos aquí han tenido que llamar alguna vez a una empresa de tarjetas de crédito, pero lo que si sé es que hacer esto es algo frustrante y desesperante. ¿Cuántos han tenido esta experiencia? Llamas a la empresa por el teléfono indicado, y no recibes una respuesta humana, sino tienes que fajarte con una computadora.
Quizás lo que tengas es una simple pregunta, pero en todo caso tienes que presionar el 1 para proceder en ingles; presionar el 3 para proceder a la sección de preguntas; después tienes que escuchar nuevamente un nuevo menú, y nuevamente decidir que botón presionar.
Dependiendo del tamaño de la empresa que llames, los menús telefónicos de ayuda pueden ser bien extensos, esto significa que nos podemos pasar varios minutos escuchando y seleccionando como proceder. Pero lo más cómico del caso es que en casi toda ocasión, cuando ya has agotado todas las opciones, finalmente escuchas las deseadas palabras, “para hablar con un representante favor de presionar el cero.”
Pero una vez que presionamos el cero, entonces escuchamos esas palabras que no queremos oír, escuchamos “todos los representantes están ocupados en este momento, su llamada será contestada en el orden recibida, por favor espere en la línea.” Por supuesto que esta espera nunca es corta, así que tenemos que esperar, y esperar, y esperar.
Si nos pusimos de suerte y no cometimos ningún error en nuestras selecciones en los menús, finalmente hablamos con alguien, que si no esta teniendo un día muy, malo nos trata con cortesía, y nos ayuda a resolver el problema o la cuestión. Pero si hemos cometido un error, entonces no llegamos al departamento debido, y somos transferidos para de esta manera iniciar el proceso completo nuevamente.
Como les dije, esto es algo frustrante; es frustrante porque todo esto es algo que agota nuestra paciencia. Es de esto mismo que deseo hablarles en el día de hoy. Hoy vamos a hablar un poco acerca de la frustración, y nuestra paciencia. Si se recordaran, la semana pasada les mencione que nosotros todos tendemos a ser impacientes. En otras palabras, no siempre estamos dispuestos a esperar en el tiempo de Dios.
La realidad es que esperar en Dios es algo que en ocasiones causa gran frustración, y la razón principal es porque se nos agota la paciencia. Así que hoy vamos a explorar lo que la palabra nos dice acerca del tiempo de Dios.
2 Pedro 3:8-10 – Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. 9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. 10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.
Como les dije la semana pasada, una gran verdad acerca del ser humano, es que nosotros somos impacientes, ¿cuántos están de acuerdo con esto? Existen algunos que tenemos más paciencia que otros, pero tarde o temprano a todos se nos agota la paciencia. Tarde o temprano llega el momento cuando no queremos esperar más, y son en momentos como estos cuando el nivel de frustración aumenta.
Lo que sucede entonces, es que tomamos determinaciones, y hacemos las cosas por nuestra propia voluntad y de la manera que pensamos que es mejor. Pero lo que sucede es que en casi toda ocasión, la determinación que hemos tomado, o la acción que hemos hecho, nos conduce fuera de la voluntad de Dios. Es por esa misma razón que en Proverbios 3:7 encontramos que se nos dice: “…No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal…” Pero no obstante esta gran advertencia, la mayoría de las personas se afirman más en su propia opinión que en la palabra de Dios. La mayor razón por la que esto sucede es porque nosotros vivimos en un mundo apurado, y no estamos dispuestos a esperar.
s como muchos suelen decir, “se vive en la senda rápida.” Esto es la gran realidad para las cosas del mundo; vivimos en un mundo súper apurado, pero el problema surge cuando tratamos de aplicar esta manera de vivir a las cosas de Dios. Digo esto porque en numerosas ocasiones cuando nosotros oramos por una situación, si no recibimos la respuesta de inmediato, si el problema o la situación no desaparece al instante, entonces le damos entrada al enemigo en nuestra mente.
Le damos entrada al enemigo en nuestra mente al contemplar esos pensamientos que nos llegan diciéndonos que Dios no nos responde, o diciéndonos que Él no nos escucha. La consecuencia de esto siempre es la misma, la consecuencia es que dejamos de orar. En otras palabras, permitimos que el enemigo nos derrote y aparte de la voluntad de Dios. Digo esto porque de algo que si podemos estar bien seguros es que Dios siempre está atento a las oraciones de todo siervo fiel, y las responde según Su voluntad [1]. Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios te escucha.
Pero lo que sucede con frecuencia es que nosotros tratamos de imponerle nuestro tiempo a Dios; en otras palabras, tratamos de imponerle nuestras agendas. Pero algo de lo que debemos estar muy concientes es que la agenda de Dios, y la nuestra quizás no coincidan con exactitud.
Es por esta misma razón que en los versículos que estamos estudiando en el día de hoy se nos dice: “…Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día…” Dios escucha, y Él nos responde, pero todo en el tiempo adecuado. Dios responde en el momento exacto, no antes y no después. Pero como les dije, en ocasiones muchos de nosotros pensamos que Dios no nos escucha, pensamos que Dios no esta haciendo nada, pensamos que Dios se ha olvidado de nosotros.
En ocasiones nos frustramos al ver como personas que no sirven a Dios, al ver como muchos aparentemente prosperan, y nosotros que tenemos temor de Dios, nosotros que hemos escogido este caminar y perseveramos día tras día para mantenernos fiel a Dios, tal parece que nunca salimos adelante. Pero cuando este pensamiento llegue a tu mente, recuerda lo que nos dice Su palabra en Salmos 37:7 cuando leemos: “…Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades…”
En otras palabras, cuando a nuestra mente lleguen esos pensamientos de rencor, e ira; cuando a nuestra mente lleguen esos pensamientos de duda y frustración, tenemos que reconocerlos por lo que son, reconocerlos como un ataque más del enemigo. Te digo en el día de hoy, reprende esos pensamientos que solo buscan alejarte de la voluntad de Dios. Dile a la persona que tienes a tu lado, Dios te escucha.
En estos versículos que estamos estudiando en el día de hoy, encontramos que se nos dice: “…El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento…” Ahora, deseo detenerme aquí y hacer una pequeña aclaración.
Estos versículos que estamos estudiando en el día de hoy tratan directamente con la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo, pero como todos sabemos, la palabra de Dios es: “…viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos…” [2]. Y porque Su palabra es viva y eficaz, entonces podemos decir con certeza que nos habla en toda situación.
Porque Su palabra es viva y eficaz, podemos decir confiadamente que en ella encontraremos las respuestas a nuestras inquietudes, y las soluciones a nuestros problemas. Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, podemos decir con certeza que en ella encontraremos la paz y la esperanza que tanto anhelamos. Porque Su palabra es viva y eficaz, entonces podemos confiar completamente que recibiremos las promesas que en ella encontramos. Pero para poder recibir las promesas tenemos que saber esperar en Él.
Fíjense bien lo que encontramos en Salmos 18:30 cuando leemos: “…En cuanto a Dios, perfecto es su camino, Y acrisolada la palabra de Jehová; Escudo es a todos los que en él esperan…” Claro esta en que en ocasiones el esperar en Dios no es nada fácil. No es fácil porque en ocasiones se presentan situaciones o circunstancias que nos alarman y desesperan, pero son en momentos como esos que debemos fortalecer aun más nuestra fe a través de Su santa y divina palabra. Son en momentos como esos que no podemos olvidarnos de que Dios es nuestro escudo. Es como nos dice Proverbios 30:5 cuando leemos: “…Toda palabra de Dios es limpia; El es escudo a los que en él esperan…”
Como les dije, esperar en Dios en ocasiones se nos hace difícil. Se nos hace difícil porque deseamos que las cosas se resuelvan de inmediato. Se nos hace difícil porque las pruebas por las que nos tocan pasar, en ocasiones son difíciles. Pero sepamos que aun en esos momentos difíciles existe un propósito de Dios. Como les dije la semana pasada, Dios prueba el corazón de todo creyente [3]. Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios probara nuestra fe.
Pero debemos saber que no obstante lo difícil que pueda ser la prueba, Él cumplirá su propósito y al final de todo hallaremos una bendición; en otras palabras las pruebas nos sirven para bien. Es como encontramos en Romanos 8:28 cuando leemos: “…Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados…”
Quizás algunos digan o piensen que no puede existir nada bueno en momentos de dificultad, pero esto es algo que se dice solo cuando miramos las situaciones con nuestros ojos carnales. Digo esto porque son en momentos difíciles, cuando Dios nos revela muchas cosas referente a nuestro alrededor. Son en momentos difíciles que Dios te revela quien verdaderamente te ama.
Son en momentos difíciles, que Dios te revela quiénes son tus verdaderos amigos. Son en momentos difíciles que Dios te revela en quien puedes confiar, y a quien puedes acudir. Son en momentos difíciles que Dios abre tus ojos, para que te des cuenta de todo aquello que te rodea que no agrada a Dios, y que quizás aún no has eliminado. Pero la impaciencia detendrá que puedas ver la mano de Dios en esos momentos difíciles. La impaciencia detendrá que puedas ver la bendición que Él derrama sobre ti.
Son en los momentos difíciles que los poderes de las tinieblas vendrán para tratar de confundirnos; el enemigo vendrá y tratara de poner dudas en nuestra mente. El enemigo tratara de confundirnos usando diferentes medios o recursos. Tratara de apartarnos de la voluntad de Dios, y hasta utilizara a aquellos creyentes que quizás no estén muy firmes en la fe; en otras palabras a todos aquellos se dejan llevar por impulsos de la carne.
La realidad es que no existe medio o manera, que el enemigo no explote apara tratar de separarnos de la presencia de Dios, y si no estamos firmes, si no tenemos la paciencia para perseverar, entonces caeremos. Sin embargo, cuando somos pacientes, cuando esperamos en Dios completamente confiados en que Él hará las cosas a su debido tiempo, entonces recibiremos la bendición.
Como les he venido diciendo, esperar en Dios no es algo fácil. Yo les puedo decir que al igual que todos aquí, yo también me impaciento de vez en cuando y me gustaría ver las cosas resueltas de inmediato, especialmente cuando me toca pasar por una prueba o situación; pero también sé que en la tribulación existe algo que debemos aprender. Se que cuando espero en Dios, le estoy complaciendo; fíjense bien como nos dice la palabra en Salmos 147:11 cuando leemos: “…Se complace Jehová en los que le temen, Y en los que esperan en su misericordia…”
Repito, esperar en Dios no es fácil, la mayoría de nosotros queremos las cosas no ahora, sino ayer. La mayoría de nosotros quisiéramos que Dios fuera como una maquina de transacciones automáticas. La mayoría de nosotros quisiéramos poder llegar, insertar nuestra tarjeta de cristiano, y retirar de inmediato la bendición que deseamos. Queremos las cosas de inmediato, pero preguntémonos ¿qué si Dios también tuviera esa impaciencia?
¡Gloria a Dios por su paciencia! Si Dios tuviera nuestra impaciencia, este mundo se hubiese acabado hace ya mucho tiempo. Si Dios tuviera nuestra impaciencia, el hombre ya no existiría. Con un solo pensamiento Dios puede destruir a este mundo de maldad, con un solo pensamiento Dios puede desaparecer a toda criatura de esta tierra, pero Él no lo ha querido así.

Él desea de que todos seamos salvos es por eso que encontramos que la palabra nos dice: “…El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. 10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas…” Pero ahora examinémonos, y reflexionemos.
Ahora preguntemos, ¿qué sucedería si nuestro Señor regresara a la tierra en este mismo momento? ¿Nos encontraría Jesús listos para partir con Él? ¿Hemos experimentado un verdadero arrepentimiento? Estas preguntas nos obligan a reflexionar en la condición espiritual que nos encontramos. Estas preguntas nos obligan a que examinemos cautelosamente nuestra relación con Dios. Es por eso que te digo en el día de hoy, no te detengas en tu caminar con Cristo.
No dudes de que Él esta presente, y en control de todo. No detengas tu crecimiento con las dudas, el rencor y la ira. No importa la situación o circunstancia, espera en Jehová y Él te dará la victoria. Recuerda lo que encontramos en Salmos 27:14 cuando leemos: “…Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová…”
Cuando perseveramos con paciencia y esperamos en Dios, no existe situación que no podamos vencer.
Cuando perseveramos con paciencia, no existe muralla que no sea derribada (ilustración: la gota de agua sobre una piedra). Cuando perseveramos con paciencia, no existe barrera que no podamos superar.
Para concluir. Si en el día de hoy te llamas hijo de Dios, si clamas confiar en aquél que venció a la muerte en la cruz, y resucitó de entre los muertos para darte salvación y vida eterna, no permitas que el enemigo te aparte de la presencia de Dios. No permitas que el enemigo te aparte de la victoria que Dios desea entregarte usando la impaciencia, y el desanimo.
No permitas que el enemigo te haga tropezar y caer. Fortalécete hoy en Su palabra, levántate en búsqueda de la victoria que el Señor quiere entregarte. La prueba pude ser difícil, la situación puede lucir invencible, pero recuerda lo que nos dice Su palabra en Salmos 37:39 cuando leemos: “…Pero la salvación de los justos es de Jehová, Y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia…”
No nos dejemos frustrar o influenciar por aquellas adversidades que nos rodean, sino esperemos en Jehová. Recuerda lo que nos dice la palabra en Isaías 40:31 cuando leemos: “…pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán…” Dile al hermano que tienes a tu lado, espera en Jehová.

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