miércoles, 5 de septiembre de 2018

Paciencia


Jesús permanece en silencio el sábado. Las mujeres han ungido su cuerpo y lo pusieron en la tumba de José. El cadáver de Cristo es tan mudo como la piedra que lo protege. Habló mucho el viernes. Él va a liberar a los esclavos de la muerte el domingo. Pero el sábado, Jesús permanece en silencio.


Así es Dios. Se hizo oír el viernes. Arrancó las cortinas del templo, abrió las tumbas de los muertos, sacudió la tierra, bloqueó el sol del cielo, y sacrificó al Hijo del Cielo. La tierra ha oído hablar mucho de Dios el viernes.

Nada en sábado. Jesús permanece en silencio. Dios está en silencio. El sábado es silencioso.

Las conversaciones de fin de semana de Semana Santa suelen saltarse el sábado. El viernes y domingo captan la atención. La crucifixión y la resurrección son el centro de nuestros pensamientos. Pero no hay que pasar por alto el sábado. Nosotros tenemos nuestros “sábados” también.

Nuestros “sábados silenciosos”. El día entre la lucha y la solución, el día entre la pregunta y la respuesta, entre la oración hecha y la respuesta a nuestra petición.

El silencio del sábado nos atormenta. ¿Estará enojado Dios conmigo? 
¿Acaso le he defraudado? 

Dios sabe que Jesús está en la tumba, ¿por qué no hace algo? O, en su caso, Dios sabe que tu carrera está en picada, o tus finanzas andan por los suelos, o tu matrimonio está hecho un desastre. ¿Por qué Dios no actúa? ¿Qué se supone que debes hacer hasta que lo hace?

Uno hace lo que Jesús hizo. Quédarse quieto. Permanecer en silencio. Confíar en Dios. Jesús murió con esta convicción:

“Porque no dejarás mi alma en el Hades,
Ni permitirás que tu Santo vea corrupción”. ( Hechos 2:27 )

Jesús sabía que Dios no lo dejaría solo en la tumba. Nosotros necesitamos saber que Dios no nos dejará solos en nuestras luchas. Su silencio no es ausencia, la inactividad no es apatía. Los sábados en nuestra vida tienen su propósito.



Nos dejarán sentir toda la intensidad de la fuerza de Dios. Si Dios hubiera resucitado a Jesús sólo quince minutos después de la muerte de su hijo, ¿habríamos apreciado el acto? Si fuera a resolver nuestros problemas en el segundo siguiente al que aparecen , apreciaríamos y valoraríamos de la misma forma Su fortaleza? 

Por Sus motivos, Dios inserta “sábados” entre nuestros “viernes” y nuestros “domingos”. Si hoy es uno para ti, sé paciente. Y así, como alguien que soportó el silencio del Sábado escribió:

“Ten paciencia, hermano, hasta la venida del Señor” (Santiago 5:7 RV).

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