domingo, 27 de junio de 2010

ORACION

Querido Señor:
En la Biblia yo he encontrado grandes ejemplos de mujeres que trascendieron la historia y con su ejemplo me han inspirado. Es por esto que de la manera más humilde y sencilla vengo a pedirte que…
Así como Déborah me des disposición y buen ánimo para enfrentar cualquier batalla espiritual, emocional o física que se me presente en la vida. Quiero como Eva poder ser ayuda idónea, un buen complemento, madre de buenas generaciones. Tener la gracia y hermosura de Rebeca, Raquel y Sara. Poder mantener la fe y la esperanza aún cuando no vea nada.
Dame la serenidad, verticalidad, astucia y prudencia que tuvo Abigail. La inteligencia de Noemí y la clase de corazón que tuvo Ruth. Que pudiendo buscar su propio bienestar, decidió no abandonar a una suegra que había quedado viuda, sin hijos y desamparada. Que pueda seguir las instrucciones y atender los consejos que me den aquellas personas que tienen más experiencia que yo.
Que así como Marta, sea una excelente servidora, hacendosa en las tareas del hogar y procure con diligencia entregarme con excelencia a los demás. Pero que así como María su hermana, sepa cuando debo postrarme o sentarme a tus pies para escuchar lo que tú tienes que decirme, aquello que tú quieres enseñarme, que nunca por estar tan afanada me pierda la mejor parte que es estar en tu presencia.
Quiero ser valiente como Ester, que aunque sintió temor, no cedió a la intimidación. Ella se atrevió a exponer su vida para lograr la liberación de un pueblo que buscaba oprimir y matar. Y supo como utilizar su gracia, inteligencia y belleza.
Dios, que así como aquella mujer que con fe pedía justicia e insistentemente clamó hasta que consiguió aquello que pedía, yo pueda luchar con tenacidad y entrega por alcanzar mis sueños. Y que como la mujer que fue sanada del flujo de sangre, no me importe la multitud, la enfermedad y las limitaciones para yo poder tocar tu manto.
Me gustaría poder valorar las cosas simples y sencillas, aún aquellas que podrían parecer insignificantes. Tal como la mujer de la parábola de la dracma, que pueda regocijarme al encontrar aquello que con tanto ahínco buscaba y celebrar una fiesta gozosa. Porque si valoro lo mucho y lo poco, tendré un balance, estaré equilibrada, caminaré con los pies en la tierra.
Señor, quiero vivir tan apasionada y enamorada de ti como la sunamita, que aguardó con paciencia a su amado hasta que lo encontró y que una vez que lo encontró nunca lo dejó. Dame la clase de visión espiritual que tuvo Elizabeth para poder discernir y comprender que más allá de lo que otros podían ver, lo que María llevaba en su vientre, sería el Salvador del mundo. Que pueda identificar y percatarme de las maravillas que solo tú haces posible para así poder bendecir y alabar tu nombre. Que mis palabras sean de bendición y de tanto aliento como las que ella dijo a María.
Tal cual Dorcas quiero ser solidaria con mis semejantes. Vivir tan saturada de amor que cuando muera la gente pueda sentir mi partida porque recuerden que le hice un bien.
Y por favor te imploro buen Dios, que así como María encuentre gracia ante tus ojos. Que pueda enfrentar grandes retos y ante el dolor permanecer serena y callada. Dame prudencia y un gran corazón, sabiduría y sencillez. Que cuando la gente mire a mí alrededor puedan identificarme como tu hija. Que con tu luz yo alumbre al mundo y sea siempre pregonera de las buenas nuevas.
Amén.
Autora: Brendaliz Avilés

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